Autor: Antonio Pellicer Zaragoza

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    30 de junio 2022

La cultura como representación de la sociedad

Es curioso que, para todo tipo de actividades o quehaceres a lo largo de nuestra vida, en la
mayoría de las ocasiones estas acciones van acompañadas de preguntas tan simples como
¿Puedo hacer esto? ¿Por qué puedo hacer esto? o ¿Por qué esto y no lo otro?
Al nacer nadie nos pregunta dónde queremos realizarnos como persona o vivir en sociedad.
Dicho nacimiento irá marcando nuestra forma de ver el mundo desde un plano práctico hasta
llegar a lo más simbólico, siendo este último, una fuente inagotable de imaginación, expresión
y creación que en algunos casos será la llave para despertar ese “genio” que duerme en
nuestro interior y que, se despliega en este mundo a través de la escritura, la escultura, la
música o la pintura y en definitivita ocupando el lugar que le corresponde buscando
incesantemente en ese universo estético que llamamos arte.
El arte, que a lo largo de la historia se ha ido desarrollando en diferentes culturas y sociedades,
a la hora de observar su progreso ha expuesto su forma de ver el mundo, pero con la
peculiaridad de que nuestra forma de observar sus producciones ha ido variando a lo largo de
la historia. En la antigüedad, no existía la observación de una obra artística como arte, sino
más bien era plasmada en las paredes, en el mármol o en la piedra como una representación
de la vida actual o una visión de futuro del ser en el más allá.
La visión estética del arte actual, en contraposición de la visión de la antigüedad, viene
marcada por esa admiración a la hora de la observación donde lo que determina la experiencia
estética es el concepto de belleza de nuestra visión en la observación de la obra. Aquí la
sociedad tiene mucho que ver a la hora de determinar los rasgos culturales que la determinan,
siendo esta, una marca inconsciente que vivimos con normalidad y que en la mayoría de los
casos no cuestionamos. Dicho lugar que ocupamos en el mundo, puede determinar que obras
materiales son el producto de nuestro pensamiento simbólico, siendo de esta manera, la
producción artística única e irrepetible en cada uno de los artistas que componen las
sociedades y las culturas actuales.
Vivir en sociedad influenciados por la cultura y estar atrapados en un mundo globalizado, nos
hace ser conscientes de las diferentes creaciones que atraviesan nuestras vidas sin apenas
detener nuestra mirada, al igual que formamos parte de ese conglomerado de diferentes
creaciones artísticas cargadas con nuestro simbolismo individual que en el universo del arte
son objeto de observación e influencia en la persona que observa dicha obra dejándose
sorprender por el “genio” que no conoce y toca sus sentimientos.
Pensar, imaginar, reflexionar, observar una acuarela, un cuadro y una palabra difuminada en
un texto cargado de colores, son un rasgo de identidad que se muestran a una cultura concreta
y ante una sociedad globalizada que se desnuda delante del pincel, con una mirada que
observa con detenimiento la producción de un nombre desconocido y que se hace presente en
la realidad individual de aquel que observa como despierta su gusto estético por lo que
visualiza en la creación: Un conjunto de sentimientos plasmados en colores, palabras y
cuadros.

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